A traves del espejo
A traves del espejo Al oír esto, Alicia no pudo contenerse y empezó a jugar a las letras: --Viene un barco cargado de H; amo a mi amor con H porque es hermoso; lo odio con H porque es horroroso. Lo alimento de..., de..., de habas y heno. Su nombre es Haigha y vive...
-Vive en la higuera -suplió el Rey con toda naturalidad, sin tener la menor idea de que estaba participando en un juego, mientras Alicia se devanaba los sesos por encontrar el nombre de una ciudad que empezase por H.
-El otro mensajero se llama Hatta. Tengo que tener a dos, ¿comprendes?, para ir y venir: uno para ir y el otro para venir. -Le ruego que me repita eso -dijo Alicia sorprendida.
-¡Niña: a Dios rogando y con el mazo dando! -amonestó el Rey. -Sólo quise decir que no había comprendido -se excusó Alicia. -¿Por qué uno para venir y otro para ir?
-¿Pero no te lo estoy diciendo? -dijo el Rey con cierta impaciencia- necesito tener a dos..., para llevar y traer..., uno para llevar y otro para traer.
En ese momento llegó el mensajero: pero estaba demasiado extenuado y sólo podía jadear, incapaz de pronunciar una sola palabra, agitando desordenadamente las manos y haciéndole al Rey las muecas más pavorosas.