A traves del espejo
A traves del espejo -SÃ, como guste -contestó Alicia. -¡Ala! ¡A ver si aparece ese pastel de frutas, viejo! -continuó diciendo el unicornio, volviéndose hacia el Rey-. ¡A mà que no me vengan con ese pan negro!
-¡Desde luego..., desde luego! -se apresuró a balbucear el Rey, e hizo una seña a Haigha-: Abre el saco -susurró-. ¡Rápido! ¡Ese no..., no tiene más que heno!
Haigha extrajo un gran pastel del saco y se lo dio a Alicia para que se lo tuviera mientras él se ocupaba de sacar una fuente y un cuchillo de trinchar. Alicia no podÃa comprender cómo salÃan tantas cosas del saco. -Es como si fuera un truco de magia-pensó.
Mientras sucedÃa todo esto, el león se reunió con ellos: tenÃa un aspecto muy cansado y somnoliento y hasta se le cerraban un poco los ojos.
-¿Qué es esto? -preguntó, parpadeando indolentemente en dirección a Alicia y hablando en un tono de voz huero y cavernoso que sonaba como si fuese el doblar de una gran campana.
-¡A ver, a ver! ¿A ti qué te parece que es? -exclamó ansiosamente el unicornio-. ¡A que no lo adivinas! ¡Yo desde luego no pude hacerlo! El león contempló a Alicia cansinamente. -¿Eres animal..., vegetal..., o mineral...?- preguntó, bostezando a cada palabra.
-¡Es un monstruo fabuloso! -gritó el unicornio antes de que Alicia pudiera contestar nada.