A traves del espejo
A traves del espejo -Entonces, pasa ese pastel de frutas, monstruo -repuso el león, tendiéndose en el suelo y apoyando el mentón sobre las patas-. Y sentaos vosotros dos también (al Rey y al unicornio), ¡a ver si no hacemos trampas con el pastel!
El Rey se sentía evidentemente muy incómodo de tener que sentarse entre las dos grandes bestias; pero no podía sentarse en ningún otro lugar.
-¡Qué pelea podríamos tener ahora por la corona!, ¿eh? -comentó el unicornio mirando de soslayo a la corona, que comenzaba a sacudirse violentamente sobre la cabeza del Rey, de tanto que estaba temblando. -Ganaría fácilmente -declaró el león.
-¡No estés tan seguro! -replicó el unicornio. -¡Cómo! ¡Pero si te he corrido por todo el pueblo! ¡So gallina! -replicó el león furiosamente, casi poniéndose en pie mientras lo increpaba así. Al llegar a este punto, el Rey los interrumpió para impedir que reanudaran la pelea; estaba muy nervioso y desde luego le temblaba la voz. -¿Por todo el pueblo? -preguntó- pues no es poca distancia. ¿Fuisteis por el puente viejo o por el mercado? Por el puente viejo es por donde queda la mejor vista.
-Yo sí que no sabría decir por donde fuimos -gruñó el león, echándose otra vez por el suelo-. Hacía demasiado polvo para ver nada. ¡Cuánto tarda el monstruo cortando ese pastel!