A traves del espejo
A traves del espejo El caballero pareció quedar muy sorprendido por la pregunta. -Y, ¿qué más da donde esté mi cuerpo? -dijo-. Mi cabeza sigue trabajando todo el tiempo. De hecho, he comprobado que cuanto más baja tenga la cabeza, más invenciones se me van ocurriendo.
-Ahora, que la vez que mejor lo hice -continuó después de una pausafue cuando inventé un budÃn mientras comÃamos la entrada de carne. -¿Con tiempo suficiente para que se lo sirvieran al siguiente plato? --supuso Alicia-. ¡Eso sà que se llama pensar rápido!
-Bueno, no fue el siguiente plato -dijo el caballero lentamente, con voz un tanto retenida-. No, desde luego no lo sirvieron después del otro. Entonces, ¿lo servirÃan al dÃa siguiente, porque supongo que no iban a comer dos budines en la misma cena?
-Bueno, tampoco apareció al dÃa siguiente -repitió el caballero igual que antes-. Tampoco al otro dÃa. En realidad -continuó agachando la cabeza y bajando cada vez más la voz-no creo que ese budÃn haya sido cocinado nunca. En realidad, ¡no creo que ese budÃn sea cocinado jamás! Y, sin embargo, como budÃn, ¡qué invento más extraordinario! -A ver, ¿de qué estaba hecho ese budÃn, según su invento? -preguntó Alicia, con la esperanza de animarlo un poco, pues al pobre caballero parecÃa que aquello le estaba deprimiendo bastante.
-Para empezar, de papel secante -contestó el caballero dando un gemido.