A traves del espejo
A traves del espejo A la Reina se le cortó la respiración y cerró los ojos: -Sé sumar --aclaró-si me das el tiempo suficiente... Pero no sé restar de ninguna manera.
-¿Supongo que sabrás tu A B C? -intimó la Reina roja. -¡Pues no faltaba más! -respondió Alicia.
Yo también -le susurró la Reina blanca al oÃdo-: lo repasaremos juntas, querida; y te diré un secreto... ¡Sé leer palabras de una letra! ¿No te parece estupendo? Pero en todo caso, no te desanimes, que también llegarás tú a hacerlo con el tiempo.
Al llegar a este punto, la Reina roja empezó de nuevo a examinar: --¿Sabes responder a preguntas prácticas? ¿Cómo se hace el pan? -¡Eso sà que lo sé! -gritó Alicia muy excitada-. Se toma un poco de harina...
-¡Qué barbaridad! ¡Cómo vas a beber harina! -se horrorizó la Reina blanca.
-Bueno, no quise decir que se beba sino que se toma asà con la mano, después de haber molido el grano...
-¡No sé por qué va a ser un gramo y no una tonelada! -siguió objetando la Reina blanca-. No debieras dejar tantas cosas sin aclarar.
-¡AbanÃcale la cabeza! -interrumpió muy apurada la Reina roja-. Debe de tener ya una buena calentura de tanto pensar. -Y las dos se pusieron manos a la obra abanicándola con manojos de hojas, hasta que Alicia tuvo que rogarles que dejaran de hacerlo pues le estaban volando los pelos de tal manera.