A traves del espejo
A traves del espejo Alicia consideró el problema: -Desde luego el hueso no va a quedar si se lo quito al perro..., pero el perro tampoco se quedaría ahí si se lo quito; vendría a morderme..., y en ese caso, ¡estoy segura de que yo tampoco me quedaría!
-Entonces, según tú, ¡no quedaría nada? -insistió la Reina roja. -Creo que esa es la contestación.
-Equivocada, como de costumbre -concluyó la Reina roja-. Quedaría la paciencia del perro.
-Pero no veo cómo... -¿Qué cómo? ¡Pues así! -gritó la Reina roja-. El perro perdería la paciencia, ¿no es verdad?
-Puede que sí -replicó Alicia con cautela. -Entonces si el perro se va, ¡tendría que quedar ahí la paciencia que perdió! -exclamó triunfalmente la Reina roja.
Alicia objetó con la mayor seriedad que pudo: -Pudiera ocurrir que ambos fueran por caminos distintos-. Sin embargo, no pudo remediar el pensar para sus adentros-: Pero, ¡qué sarta de tonterías que estamos diciendo!
-¡No tiene ni idea de matemáticas! -sentenciaron enfáticamente ambas reinas a la vez.
-¿Sabe usted sumar acaso? -dijo Alicia, volviéndose súbitamente hacia la Reina blanca, pues no le gustaba nada tanta crítica.