A traves del espejo
A traves del espejo -Lo tendré que hacer yo, entonces -dijo la Reina roja y empezó:
Duérmete mi Reina sobre el regazo de tu Alicia. Has que esté lista la merienda tendremos tiempo para una siesta. Y cuando se acabe la fiesta nos iremos todas a bailar: La Reina blanca, y la Reina roja, Alicia y todas las demás.
-Y ahora que ya sabes la letra -añadió recostando la cabeza sobre el otro hombro de Alicia-no tienes más que cantármela a mí; que también me está entrando el sueño-. Un momento después, ambas reinas se quedaron completamente dormidas, roncando sonoramente.
-Y ahora, ¿qué hago? -exclamó Alicia, mirando a uno y a otro lado, llena de perplejidad a medida que primero una redonda cabeza y luego la otra rodaban desde su hombro y caían sobre su regazo como un pesado bulto.
-¡No creo que nunca haya sucedido antes que una tuviera que ocuparse de dos reinas dormidas a la vez! ¡No, no, de ninguna manera, nunca en toda la historia de Inglaterra! ... Bueno, eso ya sé que nunca ha podido ser porque nunca ha habido dos reinas a la vez. ¡A despertar pesadas! - continuó diciendo con franca impaciencia; pero por toda respuesta no recibió más que unos amables ronquidos.