A traves del espejo
A traves del espejo -¡Me estás haciendo reÃr de tal manera que apenas si puedo sostenerte con la mano! ¡Y no abras tanto la boca que se te va a llenar de cenizas!... ¡Vaya! Ya parece que está bastante limpio -añadió mientras le alisaba los cabellos y lo depositaba al lado de la Reina.
El Rey se dejó caer inmediatamente de espaldas y se quedó tan quieto como pudo; Alicia se alarmó entonces un poco al ver las consecuencias de lo que habÃa hecho y se puso a dar vueltas por el cuarto para ver si encontraba un poco de agua para rociársela. Lo único que pudo encontrar, sin embargo, fue una botella de tinta y cuando volvió con ella a donde estaba el Rey se encontró con que ya se habÃa recobrado y estaba hablando con la Reina; ambos susurraban atemorizados y tan quedamente que Alicia apenas si pudo oÃr lo que se decÃan.
El Rey estaba entonces diciéndole a la Reina: -¡Te aseguro, querida, que se me helaron hasta las puntas de los bigotes!
A lo que la Reina le replicó: -¡Pero si no tienes ningún bigote! -¡No me olvidaré jamás, jamás -continuó el Rey-del horror de aquel momento espantoso!
-Ya verás como sà lo olvidas -convino la Reina-si no redactas pronto un memorandum del suceso.