A traves del espejo
A traves del espejo -¡Ya sé lo que tú necesitas! -declaró la Reina de buen grado, sacándose una cajita del bolsillo-. ¿Te apetece una galleta?
A Alicia le pareció que no sería de buena educación decir que no, aunque no era en absoluto lo que hubiese querido en aquel momento. Así que aceptó el ofrecimiento y se comió la galleta tan bien como pudo, ¡y qué seca estaba! ¡No creía haber estado tan a punto de ahogarse en todos los días de su vida!
-Bueno, mientras te refrescas -continuó la Reina-, me dedicaré a señalar algunas distancias.
Y sacando una cinta de medir del bolsillo empezó a jalonar el terreno, colocando unos taquitos de madera, a modo de mojones, por aquí y por allá.
-Cuando haya avanzado dos metros -dijo, colocando un piquete para marcar esa distancia-te daré las instrucciones que habrás de seguir... ¿Quieres otra galleta?
-¡Ay, no, gracias! -contestó Alicia-. Con una tengo más que suficiente. -Se te ha quitado la sed, entonces, ¿eh? -comentó la Reina.
Alicia no supo qué contestar a esto, pero afortunadamente no parecía que la Reina esperase una respuesta, pues continuó diciendo: -Cuando haya avanzado tres metros, te las repetiré, no vaya a ser que se te olviden. Cuando llegue al cuarto, te diré «adiós». Y cuando haya pasado el quinto, ¡me marcharé!