A traves del espejo
A traves del espejo La morsa y el carpintero se paseaban cogidos de la mano: lloraban, inconsolables, de la pena de ver tanta y tanta arena.
¡Si sólo la aclararan un poco, qué maravillosa sería la playa!
-Si siete fregonas con siete escobas la barrieran durante medio año, ¿te parece -indagó la morsa atenta a que lo dejarían todo bien lustrado? -Lo dudo-confesó el carpintero y lloró una amarga lágrima.
¡Oh ostras! ¡Venid a pasear con nosotros! requirió tan amable, la morsa.
-Un agradable paseo, una pausada charla por esta playa salitrosa: mas no vengáis más de cuatro que más de la mano no podríamos.
Una venerable ostra le echó una mirada pero no dijo ni una palabra.
Aquella ostra principal le guiñó un ojo y sacudió su pesada cabeza...
Es que quería decir que prefería no dejar tan pronto su ostracismo.
Pero otras cuatro ostrillas infantes se adelantaron ansiosas de regalarse: limpios los jubones y las caras bien lavadas los zapatos pulidos y brillantes; y esto era bien extraño pues ya sabéis que no tenían pies.