A traves del espejo
A traves del espejo -Pero si es que no quiero que lo hagas en absoluto!-gimió la pobre Reina-. ¡Me he estado dirigiendo todo el tiempo durante las dos últimas horas!
-Más le valiera -pensó Alicia-tener a alguien que la «dirigiera» un poco -pues estaba tan desarreglada.
-Todo lo lleva mal puesto -consideró Alicia-y le sobran alfileres por todas partes. ¿Me permite ponerle bien el mantón? -añadió en voz alta. -¡No sé qué es lo que le pasa! -suspiró, melancólica, la Reina-. Creo que debe de estar del mal humor. Lo he puesto con un alfiler por aquí y otro por allá, ¡pero no hay manera de que se esté quieto!
-No puede quedar bien, por supuesto, si lo sujeta sólo por un lado -le dijo Alicia mientras se lo iba colocando bien con mucho cuidado-y, ¡Dios mío!, ¡en qué estado lleva ese pelo!
-Es que se me ha enredado con el cepillo -explicó la Reina suspirando y el peine se me perdió ayer.