A traves del espejo
A traves del espejo Mientras decía esto cogió el mantón al vuelo; miró alrededor suyo para ver si encontraba a su dueña: al momento apareció la Reina blanca, corriendo desalada por el bosque, con los brazos abiertos en cruz, como si viniera volando; y Alicia se acercó muy cortésmente a su encuentro para devolverle el mantón.
-Me alegro mucho de haberle podido echar una mano -dijo Alicia mientras le ayudaba a ponérselo de nuevo.
La Reina blanca parecía no poder responderle más que con una extraña expresión, como si se sintiera asustada y desamparada, y repitiendo en voz baja algo que sonaba así como «pan y mantequilla, pan y mantequilla...», de forma que Alicia decidió que si no empezaba ella a decir algo no lograría nunca entablar conversación.
La inició pues, tímidamente, preguntándole: -¿Tengo la honra de dirigirme a la Reina blanca?
-Bueno, si llamas a eso «dirigirse»... -respondió la Reina blanca-no es en absoluto lo que yo entiendo por esa palabra.
Alicia pensó que no tendría ningún sentido ponerse a discutir precisamente cuando estaban empezando a hablar, de forma que sonrió y le dijo: -Si Su Majestad quisiera decirme cómo debo empezar, lo intentaré lo mejor que pueda.
