A traves del espejo
A traves del espejo Y en efecto, se inclinó hacia adelante (y por poco no se cae del muro al hacerlo) y le ofreció a Alicia su mano, mientras la boca se le ensanchaba en una amplia sonrisa que le recorrÃa la cara de oreja a oreja. Alicia le tomó la mano, pero observándolo todo con mucho cuidado: -Si sonriera un poco más pudiera ocurrir que los lados de la boca acabasen uniéndose por detrás -pensó- y entonces, ¡qué no le sucederÃa a la cabeza! ¡Mucho me temo que se le desprenderÃa!
-Pues sà señor, todos sus caballos y todos sus hombres -continuó impertérrito Humpty Dumpty -me recogerÃan en un periquete y me volverÃan aquà de nuevo, ¡asà no más! Pero..., esta conversación está discurriendo con excesiva rapidez: volvamos a lo penúltimo que dijimos.
-Me temo que ya no recuerdo exactamente de qué se trataba -señaló Alicia, muy cortésmente.
-En ese caso, cortemos por lo sano y a empezar de nuevo -zanjó la cuestión Humpty Dumpty-y ahora me toca a mà escoger el tema... (Habla como si se tratase de un juego-pensó Alicia)... asà que he aquà una pregunta para ti: ¿qué edad me dijiste que tenÃas?
Alicia hizo un pequeño cálculo y contestó: -Siete años y seis meses.
-¡Te equivocaste! -exclamó Humpty Dumpty, muy ufano. -¡Nunca me dijiste nada semejante!