Alicia a través del espejo
Alicia a través del espejo —BudÃn…, Alicia; Alicia…, BudÃn. ¡Que se lleven el budÃn!
Y los camareros se lo llevaron con tanta rapidez que Alicia no tuvo tiempo ni de devolverle la reverencia.
De todas formas, no veÃa por qué tenÃa que ser siempre la Reina roja la única en dar órdenes; asà que, a modo de experimento, dijo en voz bien alta:
—¡Camarero! ¡Que traigan de nuevo ese budÃn!
Y ahà reapareció al momento, como por arte de magia. Era tan enorme que Alicia no pudo evitar el sentirse un poco cohibida, lo mismo que le pasó con la pierna de cordero. Sin embargo, haciendo un gran esfuerzo, logró sobreponerse, cortó un buen trozo y se lo ofreció a la Reina roja.
—¡¡Qué impertinencia!! —exclamó el budÃn—. Me gustarÃa saber, ¿cómo te gustarÃa a ti que te cortaran una tajada del costado! ¡Qué bruta! Hablaba con una voz espesa y grasienta y Alicia se quedó sin respiración, mirándolo toda pasmada.
—Dile algo, —recomendó la Reina roja—. Es ridÃculo dejar toda la conversación a cargo del budÃn.