Alicia a través del espejo
Alicia a través del espejo Pero precisamente en este momento, sin saber muy bien cómo, empezaron a correr desaladas.
Alicia nunca pudo explicarse, pensándolo luego, cómo fue que empezó aquella carrera; todo lo que recordaba era que corrÃan cogidas de la mano y de que la Reina corrÃa tan velozmente que eso era lo único que podÃa hacer Alicia para no separarse de ella; y aún asà la Reina no hacÃa más que jalearla gritándole: «¡Más rápido, más rápido!» Y aunque Alicia sentÃa que simplemente no podÃa correr más velozmente, le faltaba el aliento para decÃrselo.
Lo más curioso de todo es que los árboles y otros objetos que estaban alrededor de ellas nunca variaban de lugar: por más rápido que corrieran nunca lograban pasar un solo objeto.
«—¿Será que todas las cosas se mueven con nosotras?» —se preguntó la desconcertada Alicia.
Y la Reina pareció leerle el pensamiento, pues le gritó:
—¡Más rápido! ¡No trates de hablar!
Y no es que Alicia estuviese como para intentarlo, sentÃa como si no fuera a poder hablar nunca más en toda su vida, tan sin aliento se sentÃa.
Y aún asà la Reina continuaba jaleándola:
—¡Más! ¡Más rápido! —y la arrastraba en volandas.