Alicia a través del espejo
Alicia a través del espejo —Bueno, lo que es en mi paÃs —aclaró Alicia, jadeando aún bastante cuando se corre tan rápido como lo hemos estado haciendo y durante algún tiempo, se suele llegar a alguna otra parte…
—¡Un paÃs bastante lento! —replicó la Reina—. Lo que es aquÃ, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte hay que correr por lo menos dos veces más rápido.
—No, gracias; no me gustarÃa intentarlo —rogó Alicia—; estoy muy a gusto aquÃ… sólo que estoy tan acalorada y tengo tanta sed…
—¡Ya sé lo que tú necesitas! —declaró la Reina de buen grado, sacándose una cajita del bolsillo—. ¿Te apetece una galleta?
A Alicia le pareció que no serÃa de buena educación decir que no, aunque no era en absoluto lo que hubiese querido en aquel momento. Asà que aceptó el ofrecimiento y se comió la galleta tan bien como pudo, ¡y qué seca estaba! ¡No creÃa haber estado tan a punto de ahogarse en todos los dÃas de su vida!
—Bueno, mientras te refrescas —continuó la Reina—, me dedicaré a señalar algunas distancias.
Y sacando una cinta de medir del bolsillo empezó a jalonar el terreno, colocando unos taquitos de madera, a modo de mojones, por aquà y por allá.