Alicia a través del espejo
Alicia a través del espejo —¡Estoy segura de que eso no darÃa ningún resultado! —respondió Alicia—. ¡Mi niñera nunca me perdonarÃa una lección sólo por eso! Si no pudiese acordarse de mi nombre me llamarÃa «señorita», como hacen los sirvientes.
—Bueno, pero entonces si dice «señorita» sin decir más, tú podrÃas decir que habÃas oÃdo que «te la quita» y quedarte también sin lección. ¡Es un chiste! Me hubiese gustado que lo hubieses hecho tú.
—No sé por qué dices que te habrÃa gustado que se me hubiera ocurrido a mà —replicó Alicia—; es un chiste muy malo.
Pero el mosquito sólo suspiró profundamente, mientras dos lagrimones le surcaban las mejillas.
—No debieras de hacer esos chistes —le dijo Alicia— si te ponen tan triste.
Otra vez le dio al mosquito por dar uno de esos imperceptibles suspiros melancólicos y esta vez sà que pareció haberse consumido de tanto suspirar, pues cuando Alicia miró hacia arriba no pudo ver nada sobre la rama; y como se estaba enfriando de tanto estar sentada se puso en pie y empezó a andar.