Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas «¡De todos modos, no volveré allà nunca más! —pensó Alicia, mientras buscaba el camino para salir del bosque—. ¡Es el té más insufrible que he visto en mi vida!»
Justo al decir esto, advirtió que uno de los árboles tenÃa una puerta que conducÃa directo a su interior. «¡Qué cosa más curiosa! —pensó—. Pero hoy todo es tan curioso. Creo que lo mejor será entrar.» Y asà lo hizo.
De nuevo se encontró en la gran sala, cerca de la mesita de cristal. «A ver si esta vez actúo mejor», y empezó por coger la llavecita de oro y abrir la puerta que conducÃa al jardÃn. Luego mordisqueó un pedacito de seta (que habÃa guardado en el bolsillo) hasta reducir su altura a unos treinta centÃmetros; atravesó el pequeño corredor, y luego…, por fin, se encontró en el delicioso jardÃn, entre rutilantes flores y el frescor de las fuentes.