Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¡Que le corten la cabeza! —ordenó, sin siquiera mirarlo.
—Yo mismo traeré al verdugo —dijo el Rey, impaciente, y se alejó a toda prisa.
Alicia pensó que bien podÃa dar una vuelta y ver qué tal seguÃa el juego, cuando oyó a distancia la voz de la Reina, que gritaba enfurecida. Ya la habÃa oÃdo condenar a muerte a tres jugadores por pasárseles el turno, y no le gustaba nada el giro que iban tomando las cosas, pues el juego era tan confuso que nunca sabÃa si era o no su turno. Asà que se fue en busca de su erizo.
El erizo se habÃa enzarzado en una pelea con otro erizo, lo cual pareció a Alicia una excelente oportunidad para hacerlos chocar y marcar asà un tanto: la única dificultad estaba en que su flamenco se habÃa ido a la otra punta del jardÃn. Alicia pudo ver cómo intentaba en vano subirse a uno de los árboles.