Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas Durante toda la partida, la Reina no dejó de discutir con los demás jugadores y de gritar: «¡A ese, que le corten la cabeza!» y «¡A esa, también!». A los condenados se los iban llevando en custodia los soldados, quienes, naturalmente, tenÃan que dejar sus puestos, de modo que, al cabo de una media hora, ya no quedaban arcos y, a excepción del Rey, la Reina y Alicia, todos los jugadores estaban bajo custodia, sentenciados a muerte.
Entonces la Reina se detuvo, completamente sin aliento, y dijo a Alicia:
—¿Ya has visto a la Falsa Tortuga?
—No —dijo Alicia—. Ni siquiera sé qué es.
—Es de lo que se hace la Sopa de Falsa Tortuga —dijo la Reina.
—Nunca la he visto ni habÃa oÃdo hablar de ella —dijo Alicia.
—Ven, entonces —dijo la Reina—, y te contará su historia.
Mientras salÃan juntas, Alicia oyó que el Rey decÃa en voz baja al grupo de los condenados.
—Estáis todos perdonados.
«¡Vaya, esta es una buena acción!», se dijo Alicia, que se sentÃa muy afectada ante las numerosas ejecuciones dictadas por la Reina.