Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas 
—¡No, por favor, mejor no intentarlo! —dijo Alicia—. Estoy muy a gusto aquÃ…, ¡salvo que tengo tanto calor y tanta sed!
—¡Ya sé lo que te apetecerÃa! —dijo amistosamente la Reina, sacándose del bolsillo una cajita—. ¿Una galleta?
Alicia pensó que serÃa una descortesÃa decir que no, aunque no fuera eso precisamente lo que ella querÃa. Asà que la aceptó y se esforzó en comerla: era muy seca y le pareció que nunca, en toda su vida, se habÃa visto tan a punto de atragantarse.