Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —¡Ojalá pudiera estar yo tan contenta! —dijo la Reina—. Pero nunca me acuerdo de aplicar la regla. ¡Tú has de ser muy feliz aquÃ, viviendo en el bosque y estando contenta siempre que te dé la gana!
—¡Pero aquà una está muy sola! —dijo, con voz melancólica, Alicia; y al pensar en su soledad, dos grandes lágrimas rodaron por sus mejillas.
—¡Oh, no te pongas asÃ! —exclamó la Reina, retorciéndose las manos con desesperación—. Piensa que eres una niña muy grande. Piensa que hoy has hecho un camino muy largo. Piensa en la hora que es. Piensa en cualquier cosa, ¡pero no llores!
Al oÃr esto, Alicia, en medio de sus lágrimas, no pudo evitar la risa.
—¿Puede usted dejar de llorar si piensa en otras cosas?
—Esa es precisamente la manera correcta —dijo muy decidida la Reina—. Tú sabes que nadie puede hacer dos cosas a la vez… Para empezar, veamos tu edad… ¿Cuántos años tienes?
—Siete años y medio, para ser exacta.
—No es preciso que lo digas, te creo. Y ahora te voy a decir algo que te va a dejar exhausta de veras: tengo ciento un años, cinco meses y un dÃa.
—¡No puedo creerlo! —exclamó Alicia.
—¿Que no? —dijo la Reina con tono de conmiseración—. Prueba otra vez: respira hondo y cierra los ojos.