Alicia en el PaĂ­s de las Maravillas

Alicia en el PaĂ­s de las Maravillas

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—Una quizá no —dijo Humpty Dumpty—, pero dos sí. Con la ayuda adecuada, podías haberte detenido en los siete años.

—¡Qué cinturón más bonito lleva usted! —observó de pronto Alicia (habían hablado ya, más que de sobra, del tema de la edad, pensó, y si realmente iban a elegir temas por turno, ahora le tocaba a ella)—. O mejor dicho —rectificó tras una segunda reflexión—, qué bonita corbata… no, cinturón… ¡oh, perdón! —añadió Alicia, muy azorada al ver la mirada hostil de Humpty Dumpty y, a la vez, ya arrepentida de haber elegido ese tema. «Si por lo menos supiera cuál es su cuello y cuál es su cintura…», pensó.

Sin duda Humpty Dumpty estaba furioso, pero durante uno o dos minutos no dijo palabra. Cuando al fin rompió el silencio, no se oyó sino una suerte de gruñido.

—¡Si hay algo que me exaspera —dijo— es una persona que ni siquiera sabe distinguir entre una corbata y un cinturón!

—Confieso que es debido a mi mucha ignorancia —dijo Alicia en un tono de tal humildad que aplacó a Humpty Dumpty.

—Es una corbata, niña, una hermosa corbata, como tú bien has dicho. Un regalo del Rey Blanco y de la Reina Blanca. ¡Para que veas!

—¿De veras? —dijo Alicia muy complacida al ver que, a fin de cuentas, no había elegido tan mal el tema.


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