Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —No creo que luchen más por hoy —dijo el Rey a Hatta—. Ve a ordenar que empiecen los tambores. —Y Hatta se fue dando brincos como un saltamontes.
Durante un minuto o dos, Alicia se lo quedó mirando en silencio. De pronto, se le iluminó el rostro y, muy excitada, señalaba con el dedo:
—¡Ahà va corriendo en pleno campo la Reina Blanca! Acaba de salir del bosque, como una exhalación, allá abajo… ¡A qué increÃble velocidad corren estas reinas!
—La perseguirá algún enemigo, sin duda —dijo el Rey, sin volverse siquiera—. En ese bosque hay montones de ellos.
—¿No va a correr en su ayuda? —le preguntó Alicia, muy sorprendida de que se lo tomara con tanta calma.
—¡Para qué, para qué! —dijo el Rey—. Si ella corre tremendamente aprisa… ¡SerÃa como intentar atrapar a un Bandersnatch! Pero, si quieres, escribiré un memorándum sobre el asunto… Es una criatura entrañable —repitió en voz baja mientras abrÃa el cuaderno—. ¿«Criatura» se escribe con e o con i?
En aquel momento se aproximó a ellos el Unicornio: venÃa despacio y con las manos en los bolsillos.
—Creo que esta vez me he impuesto, ¿no? —dijo, lanzando una mirada al Rey, al pasar a su lado.
—Un poco…, un poco —le contestó algo nervioso el Rey—. No debiste traspasarlo de una cornada, y tú lo sabes.