Alicia en el PaÃs de las Maravillas
Alicia en el PaÃs de las Maravillas —En tu caso es igual —sentenció el Sombrerero, y aquà cesó la conversación. El grupo permaneció un rato callado, mientras Alicia pasaba revista a todo cuanto podÃa recordar sobre cuervos y escritorios, que no era gran cosa.
El Sombrerero fue el primero en romper el silencio.
—¿Qué dÃa del mes es hoy? —dijo, volviéndose a Alicia: habÃa sacado del bolsillo el reloj y lo miraba con inquietud, agitándolo a cada momento y llevándoselo al oÃdo.
Alicia reflexionó un poco y dijo:
—Cuatro.
—¡Dos dÃas de retraso! —suspiró el Sombrerero—. ¡Ya te dije que no irÃa bien la mantequilla a la maquinaria! —añadió, mirando con enojo a la Liebre de Marzo.
—Era mantequilla de la mejor —replicó esta con humildad.
—SÃ, pero tendrÃa algunas migas dentro —gruñó el Sombrerero—. No debiste ponerla con el cuchillo del pan.
La Liebre de Marzo cogió el reloj y lo observó con aire melancólico; luego lo sumergió en su taza de té, de nuevo lo observó y, finalmente, no se le ocurrió cosa mejor que repetir su primera observación:
—Era mantequilla de la mejor, tú lo sabes.