Fantasmagoría
Fantasmagoría El encuentro
Noche invernal, las nueve y media: helado,
harto, enlodado, exhausto,
vuelvo a casa. La cena ya ha pasado,
mas en mi estudio, con su vino y puros,
me espera un buen bocado.
Entro y algo percibo que me inquieta.
En un ángulo oscuro
veo una trémula y blanca silueta:
«La criada ha dejado ahí la escoba
—pensé— de la moqueta».
Pero hete aquí que aquel extraño ente
tirita y estornuda,
y al verlo grito yo: «¿Qué es esto? ¡Tente!
¡Más consideración! ¡Te lo suplico,
no seas tan estridente!».
