Fantasmagoría
Fantasmagoría ¿Te has ido tú, mi fantasmilla amado,
mi familiar[12] querido?
Adiós, entonces, a mi pato asado,
adiós a mis cigarros y a mi pipa,
a mi té y pan tostado.
Cobra mi vida un tinte desvaído
y pierde su sabor
al ver, cautivador, que te me has ido,
tronco del alma o, dicho de otro modo,
cilindro bienquerido.
Aquí di abrupto fin a aquel intento
de pasar a otra estrofa.
Después de tan espléndido lamento,
me pareció que habría sido absurdo
darle más incremento.
Con un bostezo encaminé mi vía
hacia el lecho anhelado.
Soñando estuve hasta romper el día
con elfos, hadas, duendes y mil otros
seres de fantasía.