Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Un bufón y un oso
Asà es, nos encontrábamos en el jardÃn una vez más, y, para escapar de aquella horrible voz discorde, corrimos a entrar en palacio, y nos vimos en la biblioteca; Uggug estaba lloriqueando, el profesor de pie a su lado con aire desconcertado, y milady, abrazada al cuello de su hijo, repetÃa, una y otra y otra vez:
—¿… y le han puesto unas lecciones muy difÃciles? ¡Ay, mi cielito!
—¿A qué se debe todo este jaleo? —demandó el vicerrector con enfado, entrando con paso resuelto en la sala—. ¿Y quién ha colocado el perchero ah� —Dicho lo cual colgó su sombrero sobre Bruno, quien se encontraba en medio de la sala, demasiado pasmado por el súbito cambio de escenario como para hacer intento alguno de quitárselo pese a que le resbaló hasta los hombros, lo que le confirió un aspecto similar al de una pequeña vela con un gran apagador encima.
El profesor explicó apaciblemente que su alteza habÃa tenido el refinado gusto de decir que no tomarÃa sus lecciones.
—¡Atiende a tus lecciones ahora mismo, jovenzuelo! —rugió el vicerrector—. ¡Y toma esto! —y un resonante sopapo mandó al desafortunado profesor dando tumbos por la sala.
