Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡Qué hermosa distribución! —estaba diciendo el vicerrector con entusiasmo—. Como ves, preciosa mÃa, hay quince casas en la calle Verde antes de torcer por la calle Oeste.
—¡Quince casas! ¿Es eso posible? —contestó milady—. ¡Pensaba que eran catorce! —Y tan concentrados estaban ambos en aquella interesante cuestión, que ninguno de los dos levantó siquiera la vista hasta que el profesor, llevando a Uggug de la mano, estuvo prácticamente frente a ellos.
Milady fue la primera en percatarse de su acercamiento.
—¡Pero si está aquà el profesor! —exclamó en un tono sumamente apático—. ¡Y también mi tesoro! ¿Habéis terminado con las lecciones?
—¡Ha ocurrido algo extraño! —comenzó a decir el profesor con voz trémula—. Su exaltada obesidad —este era uno de los muchos tÃtulos de Uggug— me cuenta que acaba de ver, en esta misma habitación, ¡un oso bailarÃn y un bufón de la corte!
El vicerrector y su esposa se sacudieron entre convincentes risas.
—¡En esta habitación no, querido! —dijo la cariñosa madre—. Llevamos una hora o más aquà sentados, leyendo… —dijo, en referencia al libro en su regazo—. Leyendo el… el callejero.