Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Los seguí fuera de la habitación, y por el pasillo, mientras el profesor murmuraba para sí, sin cesar, como si ello ayudara a su débil memoria: «C, C, C: Cama, jarabe Contra la fiebre, Corregir gramática», hasta que, al doblar una esquina, se encontró con Silvia y Bruno de un modo tan repentino que el sobresaltado profesor soltó a su gordo pupilo, el cual puso al instante pies en polvorosa.