Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Pedro y Pablo
—Como iba diciendo —prosiguió el otro profesor—, si tan sólo piensas en cualquier poema que contenga las palabras, como por ejemplo:
«Pedro es pobre —dijo el noble Pablo
mas su amigo fiel siempre yo he sido;
y, aunque mis medios son escasos,
ya que dar no, prestar me permito.
¡Qué pocos, salvo por interés,
ayudan al que lo necesita!
¡Pero a Pedro yo le prestaré,
pues sensible soy, cincuenta libras!».
¡Cuán inmenso fue el gozo de Pedro
al ver a su amigo tan solidario!
¡Con qué alegrÃa firmó el acuerdo
por el cual quedarÃa endeudado!
Y dijo Pablo: «No está de más
que fijemos del retorno el dÃa.
Siguiendo un buen consejo, será
de mayo el cuarto, al mediodÃa».

«¡Pero si ya es abril! DÃa uno, si no
me equivoco —dijo Pedro—.
Cinco semanas se irán al punto:
¡apenas duran un pestañeo!
Dame, para montar una empresa y
especular, al menos un año».
