Silvia y Bruno
Silvia y Bruno alguna pequeña inconsistencia.
Tomártelo pareces con calma
cuando una promesa has de cumplir;
pero ¡ay, si de cobrar se trata!;
¡persona tan puntual jamás vi!».
Su amigo: «Toda cautela es poca
en lo que concierne a soltar “plata”;
para los cobros, como bien notas,
soy la puntualidad encarnada.
Uno ha de reclamar lo que es suyo;
mas, al prestar dinero a la gente,
¡se le debe permitir —propugno—
escoger ocasión conveniente!».
Un cierto día, mientras roía
Pedro un mendrugo —su dieta usual—, se presentó Pablo de visita
y estrechó su mano con afán.
«Tus frugales costumbres conozco:
como herir tu orgullo no quisiera por entrar con extraños curiosos,
¡he dejado a mi abogado fuera!

»Bien recuerdas, no me cabe duda,
con qué desdén todos te miraban
cuando empezó a irse tu fortuna.
¡Yo nunca te puse mala cara!
Y cuando tus pocas posesiones