Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Y lo vi tan alegre y orgulloso por haber dicho por fin bien la palabra, que sentà mucha envidia. Tengo la sensación de que Silvia no «entendó» nada; pero le dio un besito a su hermano en cada carrillo, lo cual pareció valerle igualmente.
Entonces se alejaron de allà juntos con paso tranquilo y en actitud cariñosa, internándose entre los ranúnculos, cada uno rodeando al otro con el brazo, susurrando y riendo por el camino, y sin volver la mirada hacia este pobre narrador ni una sola vez. Bueno sÃ, una: justo antes de que los perdiera totalmente de vista, Bruno giró un poco la cabeza y se despidió descaradamente con un leve movimiento de la misma. Y ese fue el único agradecimiento que recibà por las molestias que me habÃa tomado. Lo último que vi de ellos fue esto: Silvia estaba inclinándose abrazada al cuello de su hermano, diciéndole al oÃdo en tono persuasivo: «¿Sabes, Bruno? He olvidado por completo esa palabra tan difÃcil. Dila otra vez. ¡Vamos! ¡Sólo una vez, cariño!».
Pero Bruno no quiso volver a intentarlo.