Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Un cocodrilo cambiado
Lo Maravilloso —lo Misterioso había desaparecido totalmente de mi vida por el momento, e imperaba lo Ordinario. Dirigí mis pasos hacia la casa del earl, pues la «hora bruja» de las cinco ya había llegado, y sabía que los encontraría preparados para tomar una taza de té y charlar tranquilamente.
Lady Muriel y su padre me brindaron una bienvenida deliciosamente cálida. No eran del tipo de gente que lo recibe a uno en salones decorados a la última moda, que ocultan cualquier sentimiento de esa clase que por un casual pudieran albergar bajo la impenetrable máscara de una placidez convencional. El hombre de la máscara de hierro era, no cabe duda, una rareza y una maravilla en su propia época: ¡en el Londres moderno nadie volvería la cabeza para cerciorarse de lo que había visto! No, estas eran personas auténticas.
Cuando parecían estar contentos, era porque realmente lo estaban, y cuando lady Muriel dijo, con una sonrisa resplandeciente, «¡Me alegro muchísimo de volver a verlo!», supe que era verdad.