Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡Ojalá no dijeses: «Bduno, ya es hora»! —suplicó el pequeñajo, con un mohÃn que le hizo parecer más lindo que nunca—. ¡Siempde anuncia que se avecina algo horible! Y si me tdatas tan mal, no te daré un beso.
—¡Ah, pero eso ya lo has hecho! —exclamó Silvia de manera alegremente triunfante.
—¡Pues entonces te «desbesaré»! —Y se colgó del cuello de su hermana con ambos brazos para esta novedosa, pero aparentemente no muy dolorosa, operación.
—¡Se parece mucho a besar! —observó Silvia, tan pronto como sus labios se vieron otra vez libres para el habla.
—¡No tienes ni idea! ¡Te he quitado un beso con otdo! —respondió Bruno de forma muy severa, mientras se alejaba.
Silvia se volvió hacia mÃ, riendo.
—¿Venimos entonces el martes? —preguntó.
—Muy bien —asentà yo—, que sea el martes que viene. ¿Pero dónde está el profesor? ¿Fue con vosotros a Hadalandia?
—No —dijo Silvia—. Pero prometió que vendrÃa a vernos, algún dÃa. Está preparando su charla. Asà que tiene que quedarse en casa.
—¿En casa? —repetà yo como si me hallara en un sueño, sin estar del todo seguro de qué habÃa dicho ella.