Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Le pediremos al profesor que se la cante —dijo Silvia—. Recitársela serÃa estropearla.
—Me gustarÃa conocer al profesor —apunté yo—. Y que todos vinierais conmigo para ver a unos amigos mÃos que viven cerca de aquÃ. ¿Os gustarÃa?
—No creo que al profesor le apetezca —contestó Silvia—. Es muy tÃmido. Pero a nosotros nos encantarÃa. Aunque serÃa mejor que no fuésemos con este tamaño, ¿sabe?
La dificultad ya se me habÃa pasado por la cabeza, y tenÃa la sensación de que quizá resultarÃa ligeramente embarazoso presentar en sociedad a dos amigos tan diminutos.
—¿Y qué tamaño tendréis? —inquirÃ.
—Lo mejor es que vayamos como… niños normales —contestó Silvia con aire pensativo—. Es el tamaño más fácil de lograr.
—¿SerÃa posible que vinieseis hoy? —dije, pensando: «¡Entonces podrÃais estar presentes en el picnic!».
Silvia lo meditó unos instantes.
—Hoy no —contestó—. No hemos preparado las cosas. Iremos… el próximo martes, si quiere. Y ahora, Bruno, ya es hora de que vayas a estudiar tus lecciones.