Silvia y Bruno
Silvia y Bruno A mà me parecÃa que una conversación difÃcilmente podÃa resultar «cómoda» en mitad de una escalada a un árbol, incluso si ambas personas estaban haciéndolo; pero oponerse a cualquier teorÃa de Bruno entrañaba un claro peligro, asà que pensé que era mejor dejar pasar la cuestión, y pedir que me hablaran de la máquina que alargaba cosas.
Esta vez Bruno no supo explicarse, y le cedió la palabra a Silvia.
—Es como un rodillo escurridor —dijo—: si se mete una cosa, se queda espachurreada…
—¡Espachorada! —interrumpió Bruno.
—Sà —aceptó Silvia la corrección, pero sin tratar de pronunciar la palabra, que evidentemente era nueva para ella—. Se queda… asÃ, ¡y sale larguÃsima!
—Una vez —empezó a decir Bruno de nuevo—. Silvia y yo habÃamos escdibido…
—¡Escrito! —susurró Silvia.
—Hum…, habÃamos escdibidito una canción infantil, y el pdofesod la espachoró para nosotdos para que fuera más ladga. DecÃa: «HabÃa un hombdecito, que tenÃa un tdabuquito, y las balas…».
—Sé cómo sigue —interrump×. ¿Pero os importarÃa recitármela alargada?… quiero decir, tal como salió del rodillo.