Silvia y Bruno
Silvia y Bruno El investigador miró una vez más en derredor suyo, y ahora los hechos se acumularon con tal profusión desconcertante que la teorÃa se perdió entre ellos. Pues lady Muriel habÃa ido a recibir a un extraño caballero, apenas visible en la distancia; y luego regresó con él, hablando ambos de manera entregada y gozosa, como viejos amigos largo tiempo separados; y después fue de un grupo a otro, presentando al nuevo héroe del momento; y él, joven, alto y apuesto, se movÃa a su lado con gracia, y el porte erguido y el paso firme de un soldado. Ciertamente, ¡la teorÃa no auguraba nada bueno para Arthur! Su mirada se cruzó con la mÃa, y vino hasta donde me encontraba.
—Es muy apuesto —opiné.
—¡Odiosamente apuesto! —murmuró Arthur; luego sus propias palabras de amargura le hicieron sonreÃr—. ¡Suerte que sólo me has oÃdo tú!
—Doctor Forester —dijo lady Muriel, que acababa de unÃrsenos—, permita que le presente a mi primo Eric Lindon… el capitán Lindon, deberÃa decir.
Arthur se deshizo de su malhumor de forma total e inmediata al levantarse para ofrecer su mano al joven soldado.
—He oÃdo hablar de usted —dijo—. Me alegro mucho de conocer al primo de lady Muriel.