Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡SÃ, eso es lo único por lo que me distingo, de momento! —contestó Eric (como pronto empezamos a llamarlo) con una encantadora sonrisa—. ¡Y dudo —dijo mirando a su prima— que eso equivalga siquiera a una insignia por buena conducta! Pero por algo se empieza.
—Tienes que ver a mi padre, Eric —señaló lady Muriel—. Creo que está dando una vuelta por las ruinas. —Y la pareja se alejó.
El semblante de Arthur volvió a ensombrecerse, y pude adivinar que fue únicamente para distraer sus pensamientos que ocupó de nuevo su sitio junto a la joven dama metafÃsica, y retomó su interrumpida conversación.
—Hablando de Herbert Spencer —empezó—, ¿de veras no encuentra ninguna dificultad lógica en considerar la naturaleza como un proceso de involución, que va de la homogeneidad coherente definida a la heterogeneidad incoherente indefinida?
Pese a lo divertido que me resultaba el ingenioso galimatÃas que habÃa construido con las palabras de Spencer, me mantuve lo más serio que pude.
—Ninguna de tipo fÃsico —respondió con seguridad—, pero no estoy muy instruida en lógica. ¿PodrÃa exponer la dificultad?