Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Bueno —procedió Arthur—, ¿lo acepta como algo evidente en sà mismo? ¿Es tan obvio, por ejemplo, como que «las cosas que son mayores que una misma cosa son mayores entre sû[*]?
—A mi entender —contestó ella con modestia— parece absolutamente igual de obvio. Alcanzo a ver ambas verdades de manera intuitiva. Pero otras mentes quizá necesiten algún no-sé-qué lógico… se me olvidan los términos técnicos.
—Para un argumento lógico completo —empezó Arthur con admirable solemnidad—, necesitamos dos prememas…
—¡Por supuesto! —interrumpió la dama—. Ahora recuerdo esa palabra. ¿Y dan como resultado?
—Una confusión —dijo Arthur.
—¿Ah, s-s� —contestó ella con vacilación—. Creo que eso no me suena tanto. ¿Pero qué nombre recibe el argumento en su conjunto?
—Un silogilismo[*].
—¡Ah, claro! Ya me acuerdo. Pero no necesito un silogilismo, sabe usted, para demostrar el axioma matemático que ha mencionado.
—Ni para demostrar que «todos los ángulos son iguales», supongo.
—¡Oh, por supuesto que no! ¡Una da una verdad sencilla como esa por sentada!