Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Ya sólo pasar por ella resulta un gran privilegio —declaró—. Debemos irnos ya. —Dicho lo cual lo seguimos obedientemente hasta la Puerta de Marfil, que abrió de manera enérgica, y me hizo una seña para que yo la franqueara el primero.
—Vosotros también venÃs, ¿no? —le dije a Silvia.
—Sà —contestó ella—, pero no nos verá una vez que haya pasado.
—Pero ¿y si os espero fuera? —pregunté, al tiempo que cruzaba el umbral.
—En tal caso —observó Silvia—, creo que la patata tendrÃa todo el derecho a preguntarle a usted su peso. ¡Puedo imaginarme sin problemas una patata Jersey Royal de calidad verdaderamente superior rehusando discutir con alguien que pese menos de noventa y cinco kilos!
Con un gran esfuerzo recuperé el hilo de mis pensamientos.
—¡Qué rápido empezamos a desvariar! —observé.