Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Cruzando la vĂa
—Volvamos entonces a la cordura —dijo lady Muriel—. ¿Otra taza de té? Espero que eso le parezca perfectamente racional.
«¡Y toda esa extraña aventura —pensé— ha ocupado el espacio de una sola coma en el discurso de lady Muriel! ¡Una Ăşnica coma, para la cual los gramáticos nos dicen que “contemos uno”!». (Tuve la certeza de que el profesor habĂa hecho retroceder amablemente el tiempo para mĂ hasta el punto exacto en que me habĂa quedado dormido).
Cuando, unos minutos después, abandonamos la casa, el primer comentario de Arthur fue sin duda uno extraño.
—Hemos pasado ahà sólo veinte minutos —señaló— y no he hecho otra cosa que escuchar tu conversación con lady Muriel, y sin embargo, de algún modo, ¡me siento exactamente como si hubiese estado hablando con ella durante por lo menos una hora!
Yo tuve la seguridad de que asĂ habĂa sido, en realidad, sĂłlo que, como el tiempo habĂa sido devuelto al comienzo del tĂŞte Ă tĂŞte al que se referĂa, todo Ă©l habĂa caĂdo en el olvido, ¡si no en la nada! Pero tenĂa demasiado aprecio por mi propia reputaciĂłn de persona cuerda como para atreverme a explicar lo que habĂa sucedido.
