Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡Un servidor, se lo aseguro a su alteza real! —insistió respetuosamente Eric—. PermÃtame referirle a su alteza real mis diversos empleos: pasados, presentes y futuros.
—¿Cuál fue el pdimero? —preguntó Bruno, que empezaba a entrar en la broma—. ¿Fuiste limpiabotas?
—¡Más bajo que eso, su alteza real! Hace años, me ofrecà como esclavo… como ¿«esclavo de confianza», creo que lo llaman? —inquirió, volviéndose hacia lady Muriel.
Pero lady Muriel no lo oyó; algo le habÃa pasado a uno de sus guantes, el cual absorbÃa toda su atención.
—¿Conseguiste el puesto? —interrogó Bruno.
—Me apena decirlo, alteza real, ¡pero no! De modo que tuve que aceptar una plaza de… reservista, en la que llevo algunos años… ¿no es as� —Se volvió de nuevo a mirar a lady Muriel.
—Silvia, querida, ¡ayúdame a abrochar este guante! —susurró la dama, agachándose con apremio, y sin haber llegado a oÃr la pregunta.
—¿Y luego qué serás? —continuó Bruno.
—Mi siguiente ocupación, espero será la de mari… nero. Y después…
—¡No vuelvas loco al niño! —interrumpió lady Muriel—. ¡Qué disparates dices!