Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —No lo sé —confesó Silvia—, pero siempre lo hacen. ¡A veces empiezan a hacer conjeturas semanas y semanas antes del dÃa!
(Asà que, en adelante, cuando oigas a las ranas croar de un modo particularmente pensativo, no te quepa duda de que están intentando adivinar cuál será el siguiente «fragmento» de Shakespeare que interpretará Bruno. ¿A que es interesante?).
Sin embargo, el coro especulativo fue interrumpido por Bruno, quien salió corriendo de repente de entre bambalinas y voló de un salto hasta caer en mitad de las ranas, para recolocarlas.
La razón era que la rana más vieja y gorda —la cual no habÃa sido correctamente colocada de cara al escenario, por lo que no tenÃa ni idea de qué estaba pasando— se estaba poniendo nerviosa, y habÃa molestado a varias compañeras y dado la vuelta a otras que quedaron mirando en la dirección que no era. Y no tenÃa sentido, según Bruno, representar un «fragmento» de Shakespeare cuando no habÃa nadie que lo viera (como ves, no me contó a mà como alguien). De manera que se puso manos a la obra con un palo, moviéndolas de forma muy parecida a como uno moverÃa el té en una taza, hasta que la mayorÃa de ellas tuvo al menos un gran y estúpido ojo apuntando al escenario.