Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Vol. I, p. 172. El uso tremendamente peculiar que aquí se hace de un ratón muerto se ha extraído de la vida real. Una vez me encontré con un par de niños muy pequeños, en un jardín, que estaban echando un partido microscópico de criquet para dos. El bate tenía, me parece, más o menos el tamaño de una cuchara de servir, y la mayor distancia alcanzada por la pelota, en sus vuelos más audaces, era de unos cuatro o cinco metros. La longitud exacta era por supuesto una cuestión de suprema importancia, y siempre se medía cuidadosamente (compartiendo amigablemente el bateador y el lanzador el duro trabajo) ¡con un ratón muerto!
Vol. I, p. 209. Los dos axiomas cuasimatemáticos citados por Arthur en la p. 209 del vol. I («las cosas que son mayores que una misma cosa son mayores entre sí» y «todos los ángulos son iguales») fueron realmente enunciados, con toda seriedad, por estudiantes de una universidad situada a menos de cien millas de Ely.
Vol. II, p. 320. El comentario de Bruno: «puedo, si quiero…», fueron palabras reales de un niño.
Vol. II, p. 321. También es el caso de su comentario: «¡Sé lo que no pone!». Y el que dice: «He “ponido” los ojos bizcos…», lo oí de labios de una niñita que acababa de resolver un acertijo que le había planteado.