Silvia y Bruno

Silvia y Bruno

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Vol. II, p. 556. El diálogo entre Silvia y Bruno con respecto al bizcocho es una copia literal (cambiando «bizcocho» por «penique») de otro que escuché a dos niños.

Doy fe de que una de las historias de este volumen («El picnic de Bruno») resulta adecuada para contársela a los niños, tras haber sido puesta a prueba repetidamente; y, ya fuese mi audiencia una docena de niñas de una escuela rural, una treintena o cuarentena en un salón londinense, o un centenar en un instituto, siempre las he encontrado francamente interesadas en atender, y profundamente apreciativas de la diversión que el relato proporcionaba.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para señalar lo que considero con orgullo un nombre de lo más conseguido, en la p. 70 del vol. I. ¿No está bastante bien plasmada la personalidad del subrector en el nombre «Sibimet»? El amable lector ha observado sin duda la especial inutilidad de guardar un bombo en casa si uno se limita a tenerlo tirado por ahí, ¡y nunca lo toca!

Los lectores del primer volumen que se han entretenido intentando resolver los dos enigmas propuestos en la p. 35 del prefacio, tal vez quieran ejercitar su ingenio descubriendo cuáles de los siguientes paralelismos (de existir) fueron intencionados, y cuáles accidentales:


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