Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Pero cuando me puse a meditar la cuestión a fondo, y a ordenar todos los argumentos a favor y en contra, la encontré demasiado extensa para ser tratada aquí. Algún día, espero publicar un ensayo sobre este tema. De momento, me contentaré con dejar constancia del resultado final al que he llegado.
Este es que Dios ha concedido al hombre un derecho absoluto a tomar las vidas de otros animales por cualquier causa que sea razonable, como la de proveerse de abmento, pero que no ha otorgado al hombre el derecho a infligir dolor, salvo en caso de necesidad; que el mero placer, o beneficio, no constituye uno de dichos casos, y que, por consiguiente, ese dolor, infligido por esparcimiento, es cruel, luego no está bien. Pero me parece una cuestión mucho más compleja de lo que había supuesto, y que los argumentos del lado del cazador son mucho más sólidos de lo que había imaginado. De manera que, por el momento, no añadiré nada más.
Han surgido objeciones al severo lenguaje que he puesto en boca de «Arthur» respecto al tema de los «sermones», y al de los oficios corales y los niños que en ellos participan.