Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Ya he protestado contra quienes dan por hecho que estoy dispuesto a suscribir las opiniones de los personajes de mi historia. Pero, en estos dos casos, admito que estoy muy de acuerdo con «Arthur». A mi modo de ver, se esperan demasiados sermones de nuestros pastores y, en consecuencia, se producen gran cantidad de ellos que no son dignos de atención; como resultado de esto último, tendemos enormemente a no escuchar. El lector de este párrafo probablemente asistió a un sermón la mañana del domingo pasado. Pues bien: que mencione, si es capaz, el nombre del texto, ¡y que exponga el tratamiento que le dio el pastor!
Luego, en lo referente a los niños de los coros, y todo el resto de accesorios —música, vestiduras, procesiones, etc.— que se han puesto de moda junto con ellos: mientras que admito sin problemas que el movimiento «ritualista» era urgentemente necesario, y que ha obrado una inmensa mejora en nuestros oficios religiosos, los cuales se habían vuelto áridos y tediosos en grado sumo, mantengo que, al igual que otros muchos movimientos convenientes, ha ido demasiado lejos en la dirección contraria, y ha introducido abundantes nuevos peligros.