Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —No —respond×. DesconocÃa que hubiese ninguna regla.
—Cdeo que tienes derecho a comedme —dijo el pequeñajo, mirándome a la cara con una sonrisa encantadora—. Pero no estoy asolutamente seguro. Mejod espera a pdeguntadle a alguien antes de hacedlo.
Desde luego parecÃa razonable no dar un paso tan irrevocable como ese sin la debida consulta previa.
—Definitivamente me informaré primero —dije—. Además, ¡todavÃa no sé si merecerÃa la pena comerte!
—Me imagino que soy un bocado muy deliciosÃsimo —señaló Bruno con tono de satisfacción, como si fuese algo de lo que estar bastante orgulloso.
—¿Y qué estás haciendo aquÃ, Bruno?
—¡No me llamo asÃ! —replicó mi avispado amiguito. ¿Es que no sabes que mi nombde es «¡Oh, Bdunoh!»? Asà es como me llama siempde Silvia cuando decito mis leciones.
—Bien, pues ¿qué estás haciendo aquÃ, oh, Bruno?
—¡Estudiando mis leciones, pod supuesto! —aseguró con ese brillo pÃcaro en la mirada que siempre aparecÃa cuando sabÃa que estaba soltando algún disparate.
—Oh, ¿asà es como estudias tus lecciones? ¿Y consigues aprendártelas bien?