Silvia y Bruno
Silvia y Bruno El rey perro
—¡Se dieron la mano! —dijo Bruno, que trotaba a mi lado, en respuesta a la tácita pregunta.
—¡Y se los veÃa contentÃsimos! —añadió Silvia desde el otro lado.
—Pues entonces debemos continuar, al paso más rápido que podamos —señalé—. ¡Ojalá supiese cuál es el mejor camino a la granja de Hunter!
—Seguro que en esta casita lo conocen —indicó Silvia.
—Me imagino que sÃ. Bruno, ¿te importa acercarte corriendo a preguntar?
Silvia lo frenó, riendo, cuando su hermano ya se iba.
—Espera un segundo —dijo—. Antes tengo que hacerte visible; ya sabes.
—Y también audible, ¿me equivoco? —agregué yo, al tiempo que ella cogÃa la joya que le pendÃa del cuello, se la pasaba por encima de la cabeza de Bruno y le tocaba con ella los ojos y los labios.
